Bariloche, capital nacional del chocolate

La patagónica ciudad de San Carlos de Bariloche, en la provincia de Río Negro, es un mundo repleto de sabores: desde las mermeladas caseras de frutas finas hasta las exquisitas cervezas artesanales, ahumados incluidos, todo invita al disfrute del paladar. Entre tantas delicias se destaca un (dulce) sabor que conquista a todas las generaciones y culturas: el chocolate.

San Carlos de Bariloche, la ciudad informalmente conocida como “la puerta norte de la Patagonia andina”, uno de los mayores centros de esquí de Argentina y destino favorito de los estudiantes para concretar el soñado viaje de egresados es, además, la Capital Nacional del Chocolate. Recorrer sus calles empedradas dejándose llevar por el encanto de su arquitectura, como salida de un cuento de hadas, es una invitación irresistible para los viajeros más golosos.

Emplazada a orillas del lago Nahuel Huapi, Bariloche concentra la mayor producción de chocolate del país. Y mientras los paisajes deleitan la vista, el chocolate invita al olfato y al paladar a vivir una experiencia de pleno disfrute.

Un paseo tentador
El aroma único del chocolate inunda cada rincón de esta bellísima ciudad de la Patagonia. En los alrededores del Centro Cívico abundan las chocolaterías: desde los amplios locales de cadenas reconocidas hasta los pequeños comercios de tradición familiar. En los exhibidores, el chocolate habita en tantas formas y combinaciones que se vuelve irresistible: bombones, trufas, en rama, con frutos secos, con pasas , en formales y exclusivas presentaciones, y transformado en figuras especialmente pensadas para atraer y divertir a los viajeros más pequeños. Sin distinción por la estación del año o la temperatura del entorno, en muchos de estos auténticos templos del chocolate se puede apreciar la elaboración a la vista y degustar distintas variedades. Querer llevarse luego todo a casa, suele suceder…

Raíces de una (dulce) tradición
La historia cuenta que la producción chocolatera comenzó en Bariloche con la llegada de los inmigrantes europeos ocurrida hacia 1940. Hombres y mujeres encontraron en la región de los Lagos una geografía similar a las de sus lugares de origen y un clima favorable para la producción y el consumo de chocolate. Así, el primero en fundar una chocolatería sería el italiano Aldo Fenoglio. Al poco tiempo, otro inmigrante europeo, Benito Secco, llegaría a la ciudad con sus ollas de cobre y sus conocimientos chocolateros. Con el éxito alcanzado por el desarrollo de los emprendimientos fundados por estos dos pioneros, no tardarían en levantarse otros y en transformarse el chocolate en una marca identitaria de la ciudad.

Hoy, la historia del cacao y su exquisito derivado —que tiene más de dos mil años— puede conocerse en el Museo del Chocolate, un paseo recomendado para fanáticos y curiosos de todas las edades.

 

Más inf.: www.barilocheturismo.gob.ar

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